Cultura suscríbete HHOLA Iniciar sesión Cultura Cultura Libros Arte Cine Música Teatro Danza Historia Arquitectura Cómic Videojuegos Toros Babelia Últimas noticias MANUEL JABOIS El periodista recopila una década de columnas en ‘Hay más cuernos en un buenas noches’

Manuel Jabois, en el restaurante El Bosco de Lobos, en Madrid, el pasado 15 de junio.
Luis Sevillano Natalia Junquera Madrid - 23 jun 2022 - 03:30UTC

      En Hay más cuernos en un buenas noches (Pepitas), Manuel Jabois (Sanxenxo, Pontevedra, 43 años), periodista de este diario, recopila una década de columnas sobre los tres grandes temas, a saber: amor —es decir, abuelos, parejas, amigos, despedidas—; fútbol —o sea, ilusión, mitología y un poco de tenis— y periodismo —todo lo demás—. La que da título al libro la escribió en el móvil, de camino a una cobertura en su faceta de agente doble: columnista y reportero.
Son casi 400 páginas llenas de trucos de magia.
Parece que está hablando de una cosa, y hacia el final de la columna se descubre que era sobre otra, y en los primeros párrafos el lector puede reír o emocionarse, pero la última línea provoca siempre la misma reacción: esa sonrisa de asombro y admiración que dejan los magos al adivinar tu carta.
Son, sobre todo, esos cierres —“Crecer es siempre una traiciónâ€; “Un hombre compró el sol; el otro compró el mar…â€â€” donde se juntan la poesía y la prosa, la literatura y el periodismo.

Pregunta.
En una de sus columnas enumera sus aficiones de niño: ganchillo, calceta, culebrones y hacer periódicos caseros.
Decía Gabriel García Márquez : “Escribo para que me quieranâ€. ¿Y Manuel Jabois? ¿Por qué es periodista y no el nuevo Carlos Matas?

Respuesta.
Hay algo de verdad en eso, escribes para que te quieran.
Se necesita un punto de vanidad para pensar que lo que escribes lo tienen que leer otros.
Yo nunca he escrito para mí, para sacar mis demonios o como forma de terapia.
Escribo para que me lean y supongo que al querer que me lean, quiero que me quieran.

P.
¿Es ese el mayor riesgo del columnista, intentar agradar a todo el mundo o querer gustar siempre a los mismos?

R.
Querer gustarle siempre a los mismos es la forma más fácil de disgustar también siempre a los mismos y te convierte en un esclavo de las opiniones de los demás.
Antes los intuías, pero ahora te escriben por redes y piensas: ¿Hasta cuándo va a durar nuestro romance? ¿Hasta el momento que discrepe de ti? Mucha gente dice algo que pretendiendo ser un halago, da bastante miedo: “Consigues poner las palabras exactas de lo que yo piensoâ€. Pero llega el día en que no coincides, y curiosamente ese es el día en que dejas de ser independiente porque te has vendido a no sé quién.
Independencia es escribir lo que piensas.
Y hay que desconfiar mucho más del halago que del insulto.

P.
Y en el columnismo en general, ¿nota que algunos escriben lo que se espera de ellos?

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R.
Sí, muchas veces se me quitan las ganas de leer a determinadas personas, no solo columnistas, porque no me creo que después de llamar payaso a alguien en Twitter vayan a ser muy rigurosos en sus textos sobre ese a quien han llamado payaso.
Y eso pasa en deportes, en política y en todo.

P.

Esa canción preciosa en un álbum de mierda va de renunciar a fingir.
También de querer ser mejor persona.
¿Escribir ayuda a eso?

R.
Esa es una de las columnas que más me gustan.
Al escribir tienes que pararte, articular el pensamiento y eso te ayuda a ser mejor persona.
Cuando he escrito en caliente, enfadado, al día siguiente no estoy muy orgulloso, aunque esa contundencia haya sido muy aplaudida.
Me he arrepentido a veces de ser duro o injusto.
Y he visto cómo en un grupo alguien dice algo bueno de un político o de quien sea y otro dice lo contrario y esa persona primero se justifica —“bueno, me gustó ese díaâ€â€” y luego cambia de opinión.
Viene una tropita de la cual quieres formar parte por cariño, reconocimiento… y cambias.
Woody Allen dice que esa ausencia de criterio o de principios es el embrión del fascismo.

Me lo paso mucho mejor discutiendo con mis amigos de derechasâ€

P.
¿Eso ha ido a más con las redes sociales? ¿Hay que ser más valiente para opinar?

R.
Forma parte de una dinámica de grupos, poca gente se atreve a estar sola o a decir algo que le pueda dejar sola.

P.
Se parece al colegio, ¿no?

R . Sí, son maniobras de bullies . El que quiere sumisión, el que piensa que compañía es estar con gente que piense lo mismo de las mismas cosas, cuando la buena compañía siempre ha consistido en discutir, en confrontar.
Yo lo paso muy bien con todos mis amigos, pero me lo paso mucho mejor discutiendo con mis amigos de derechas, principalmente, porque hay algo que yo no sé si tengo: la razón.
Hay ciertos ambientes en los que iniciar una discusión es una declaración de guerra.
Yo siempre lo he visto como una declaración de amistad: si me digno a discutir contigo es porque somos algo más que desconocidos, nos importamos el uno al otro.

P.
El periodismo además, suele obligar a mostrar el gris, casi nunca algo es blanco o negro, de buenos muy buenos y malos muy malos.
¿Tiene la sensación de que le obligan a elegir bando constantemente?

R.
A mí no porque soy bastante viejo.
Pero hay gente más joven muy preocupada por lo que se dice de ellos.
Yo utilizo Twitter para colgar mis textos y para dar las gracias a la gente que los lee o que compra mis libros.
Si no, no estaría en Twitter.
En esa red, he llegado a ver a gente acusándote de lo que dicen tus entrevistados o tratar tu opinión como la opinión “de EL PAÃSâ€, es decir, no distinguir una columna de un editorial.

Las columnas sobre política caducan a las dos semanas.
El amor es un asunto inacabable del que se seguirá hablando dentro de 300 añosâ€

P.
Cuenta que tiene en Google Alerts la palabra “amorâ€. ¿Qué tipo de cosas encuentra ahí?

R. (Ríe) Eso es una broma, pero me gusta mucho escribir sobre relaciones humanas.
El amor es un asunto transversal e inacabable del que se seguirá opinando y escribiendo dentro de 300 años.
Al hacer la selección de los artículos, los de actualidad dura habían caducado aunque en su momento fueran virales, los otros no.

P.
¿La política envejece peor en la opinión?

R.
Sí porque además se renueva cada dos por tres y que se renueve no significa necesariamente que se regenere, a veces lo que hace es degenerarse.

P.
¿Tiene un primer lector o lectora, alguien a quien le enseñe lo que escribe antes de que se publique?

R.
Tengo varios primeros lectores, aunque intento no molestar mucho.
Soy muy inseguro y depende del tema.

P.
¿Qué temas le hacen consultar o dudar más?

R.
Feminismo, por ejemplo.
Me he criado entre mujeres, pero siempre voy a escribir desde el punto de vista de un hombre y eso ya comporta una serie de expresiones adquiridas o tics muy incrustados de los que no soy consciente.
También consulto mucho los temas de política y en general sobre los temas en los que no estoy muy puesto, que son casi todos.
Tengo la suerte de trabajar en un periódico y poder llamar a quien lleva el día a día.

P.
“Prefiero haber escrito que escribirâ€. ¿Cómo es ese rato entre que envía la columna hasta que se publica y un montón de desconocidos se enteran de lo que piensa?

R.
La emoción del principio se va perdiendo poco a poco, igual que es irrecuperable la sensación de las primeras veces, pero sí conservo la agitación.
Al día siguiente me despierto siempre a las siete de la mañana, voy a la web de EL PAÃS, veo la columna ahí y pienso: “Qué guayâ€. Y hay comentarios que son verdaderas joyas.
Escribí sobre el analfabetismo sin conocer a nadie que fuese analfabeto y me escribió una persona contándome que su abuela era analfabeta, que cuando su marido murió montó una tienda y que todo el mundo la engañaba con las cuentas.
Ese comentario era mejor que cualquier columna que yo pueda escribir porque hablaba desde la experiencia que yo no tenía.
La sensación de haber escrito es maravillosa, la de empezar a escribir es más jodida.
Yo pienso mientras escribo, es cuando se encienden las luces.
Con la ficción me pasa parecido, pero sumado a la inseguridad.
Todavía no me lo termino de creer del todo: no estoy seguro de poder escribir una tercera novela y en cambio sí sé que puedo escribir otra columna o reportaje.

P.
Las columnas provocan una relación distinta con los lectores.
Uno de ellos le escribió un día: “No sé morirmeâ€â€¦

R.
Me encanta cuando pasan esas cosas.
Alejandro Sevillano

      me escribió esa carta tan bonita cuando le quitaron el carné de conducir [entonces tenía 85 años]. Fui a Valladolid a verlo y comimos juntos.
Ojalá lea esta entrevista porque perdí su teléfono y me gustaría recuperar el contacto.

Tengo muchas más dudas ahora que antes.
Mucho más miedo a expresar mi opiniónâ€

P.
¿Qué otros mensajes de lectores recuerda?

R.
En la feria del libro vino una pareja que estaba en su primera cita y acababa de descubrir que los dos me leían.
Me pidieron una dedicatoria y les puse algo así como que seguro que habría una segunda, un poco Sobera en First Dates (ríe). En la feria anterior otra pareja me dijo que se habían conocido discutiendo sobre mí: uno era hater y el otro me leía o al revés y discutiendo empezaron a tontear…

P.
â€Me gusto más de viejo que de jovenâ€. ¿En qué ha cambiado?

R.
Tengo muchas más dudas que antes, mucho más miedo a expresar mi opinión.
Creo que es porque ahora me hago mejores preguntas, soy más consciente de lo ignorante que soy.
Nunca voy a ser un intelectual, no he pisado la universidad, pero creo que soy un tipo que sabe comunicar desde el mismo nivel de la gente.
En el Diario de Pontevedra sí había algo de: ahora os voy a contar lo que pasa en Irán, y a lo mejor acababa de buscar en Google dónde estaba.
Los días que no iba internet en ese periódico tenía que escribir de los dedos que tenía en la mano.

La primera columna que hice para el ‘Diario de Pontevedra’ no salió.
Me la censuraron, y menos malâ€

P.
¿Cuántos años tenía entonces?

R . Tenía 19 cuando empecé a trabajar en el Diario de Pontevedra y 20 cuando me dieron la columna.
La primera no salió, me la censuraron porque estaba llena de tacos y menos mal.
Seguramente habría que haber censurado algunas más.
Nadie con 20 años puede tener una columna, pero aquello era un ejercicio: a veces hacía poemas en prosa, cuentos… Recuerdo una de una chica que se iba convirtiendo poco a poco en caldo…

Reportera de la sección de España desde 2006.
Los jueves publica una columna en Madrid, Kilómetro cero.
Durante la semana comenta las redes sociales en Anatomía de Twitter y realiza entrevistas para la serie Conversaciones a la contra.
Especialista en memoria histórica, ha escrito dos libros, Valientes y Vidas Robadas (Aguilar).

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