Salud Por Impreso sábado, 14 de mayo de 2022 · 01:30

      El hígado es un importante órgano del cuerpo humano, se trata del laboratorio del organismo, su función es metabolizar sustancias y dotar de nutrientes al cuerpo.
Un hígado sano trabaja eficientemente, más aún cuando la persona se alimenta equilibradamente y evita el abuso de bebidas alcohólicas.

      Pero el hígado también es susceptible de enfermarse y fallar: hepatitis, cirrosis, hígado graso y cáncer son algunos de los trastornos que los médicos diagnostican.

Entre las enfermedades más comunes del hígado se encuentra la hepatitis, una inflamación del hígado.
El hígado es un órgano vital que procesa los nutrientes, filtra la sangre y combate las infecciones.
Cuando el hígado está inflamado o dañado, su función puede verse afectada.
El consumo excesivo de alcohol, las toxinas, algunos medicamentos y ciertas condiciones médicas pueden causar hepatitis.

      Según la Organización Mundial de la Salud, la hepatitis es causada por una variedad de virus infecciosos y agentes no infecciosos que provocan un abanico de problemas de salud, algunos de los cuales pueden ser fatales.
Si bien todos causan enfermedades hepáticas, difieren en formas importantes, incluidos los modos de transmisión, la gravedad de la enfermedad, la distribución geográfica y la prevención.
En particular, los tipos B y C ocasionan enfermedades crónicas en cientos de millones de personas y juntos son la causa más común de cirrosis hepática, cáncer de hígado y muertes relacionadas con la hepatitis viral.
Se calcula que 354 millones de personas en todo el mundo viven con hepatitis B o C, y para la mayoría las pruebas y el tratamiento siguen estando fuera del alcance.

Muchas personas con hepatitis A, B, C, D o E presentan solo síntomas leves o ningún síntoma.
Sin embargo, cada forma del virus puede causar síntomas más graves.
Los síntomas de la hepatitis A, B y C pueden incluir fiebre, malestar general, pérdida de apetito, diarrea, náuseas, malestar abdominal, orina de color oscuro e ictericia (coloración amarillenta de la piel y el blanco de los ojos). En algunos casos el virus también puede causar una infección hepática crónica que luego puede convertirse en cirrosis (cicatrización del hígado) o cáncer de hígado.
Estos pacientes están en riesgo de muerte.

La hepatitis D (HDV) solo se encuentra en personas que ya están infectadas con hepatitis B (HBV). La infección dual de HBV y HDV puede causar una infección más grave y peores resultados de salud, incluida la progresión acelerada a la cirrosis.
El desarrollo de hepatitis D crónica es raro.

      La hepatitis E (HEV) comienza con fiebre leve, disminución del apetito, náuseas y vómitos que duran unos días.
Algunas personas también pueden tener dolor abdominal, picazón (sin lesiones en la piel), erupción cutánea o dolor en las articulaciones.
También pueden presentar ictericia, con orina oscura y heces pálidas, y un hígado sensible y levemente agrandado (hepatomegalia), u ocasionalmente insuficiencia hepática aguda.

La hepatitis C (VHC) puede causar una infección tanto aguda como crónica.
Algunas personas se recuperan por sí solas, mientras que otras desarrollan una infección potencialmente mortal o complicaciones adicionales, como cirrosis o cáncer.
No existe una vacuna para la hepatitis C.
Los medicamentos antivirales pueden curar a más del 95% de las personas con infección por hepatitis C, lo que reduce el riesgo de muerte por cirrosis y cáncer de hígado, pero el acceso al diagnóstico y tratamiento sigue siendo bajo.

      El virus de la hepatitis A (VHA) es más común en los países de ingresos bajos y medianos debido al acceso reducido a fuentes de agua limpia y confiable y al mayor riesgo de alimentos contaminados.
La mayoría de las infecciones por VHA son leves y la mayoría de las personas se recuperan por completo y desarrollan inmunidad frente a nuevas infecciones.
Sin embargo, estas infecciones rara vez pueden ser graves y potencialmente mortales debido al riesgo de insuficiencia hepática.

      Muchos niños tienen enfermedades virales que pueden causar molestias gastrointestinales, fiebre y fatiga.
Si tu hijo no puede retener los líquidos, es una señal de que debes comunicarte con tu médico.
Además, si los síntomas son persistentes y no mejoran, o si tu hijo comienza a sentirse letárgico, comunícate con tu médico.

      Los signos más preocupantes son la orina oscura, heces de color claro y coloración amarillenta de la piel o coloración amarillenta en el blanco de los ojos.
Debes buscar atención médica inmediata si tu hijo comienza con síntomas virales generales y luego pasa a tener estos signos.

      Sin origen claro

El doctor Adolfo Palma Chan, presidente del Colegio de Pediatras de Yucatán, en entrevista con el Diario habla en torno a la hepatitis y el preocupante número de casos de hepatitis aguda que se está presentando en niños en el continente europeo así como en América —México, Estados Unidos y Brasil—, cuyo origen aún no está del todo claro para las autoridades de salud.

      Según refiere el doctor Palma, la información que poco a poco se ha divulgado a través de diversas publicaciones indica que estos casos de hepatitis en niños tienen la particularidad de que persisten en los pacientes todos los síntomas pero no presentan fiebre.

      La elevación de las enzimas, la inflamación hepática, el disparo de bilirrubina que da a ojos y piel una tonalidad amarillenta, apuntan al diagnóstico de hepatitis, pero en estos casos no se presenta la fiebre.

      Las teorías van y vienen entre los especialistas, y para el doctor Palma Chan es claro que, si bien en el país solo se han presentado casos en Nuevo León, el hecho es un llamado de atención para reforzar la higiene de lo que nos rodea y tocamos hasta lo que comemos y bebemos.

      Una de las teorías más aceptadas, con la cual concuerda el doctor Palma Chan, es que los casos de hepatitis de origen desconocido en niños (ya hay casos en 12 países, según la Organización Mundial de la Salud) podría estar asociado a adenovirus.

Sospechoso

“Para los especialistas, uno de los principales sospechosos es el adenovirus F41.
Si bien por el momento todas las hipótesis permanecen abiertas, este subtipo de adenovirus se postula como uno de los posibles causantes”.

      En la mayoría de los casos infantiles de las últimas semanas se ha detectado infección por adenovirus y en éstos se ha podido identificar el subtipo F41.
Los adenovirus son patógenos muy comunes en los seres humanos y pueden causar diferentes tipos de infecciones en las vías respiratorias, ojos, intestino, hígado, tracto urinario y adenoides.

      Los serotipos 40/41 de la especie F de adenovirus se asocian con casos de gastroenteritis pediátrica.
Estos cuadros pueden ser graves y requerir hospitalización, sobre todo en menores de dos años.

      Se trata de microorganismos que se transmiten de una persona a otra con gran facilidad, a través de secreciones u objetos contaminados.
Puede ser a través del aire o por el agua o mediante contaminación fecal-oral.

“Es un buen momento para replantearnos lo aprendido con el Covid-19”, considera el doctor Palma. “Las medidas de higiene son fundamentales para evitar la propagación del virus, por eso es importante reforzar las medidas sanitarias, como el lavado de manos constante y a conciencia, observar el cuidado al estornudar, evitar saludar de mano, usar cubrebocas, cuidar lo que comemos y bebemos, comer en lugares limpios, lavar y desinfectar frutas y verduras”, dijo el entrevistado.

      “También es muy importante que los padres de familia estén muy atentos a los síntomas en sus hijos que pudieran despertar la sospecha de un problema de hepatitis.
Recuerden que, aunque no hay fiebre, la sintomatología es igual y por tanto la atención médica oportuna es necesaria”.

      Subraya la importancia de evitar la automedicación, porque “cuando el hígado falla el uso de medicamentos no recetados por un médico puede causar más daños de lo que puede solucionar; automedicarse es un grave error que puede tener serias consecuencias”.

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      Mitos y Realidades

Cada 28 de julio, en el marco del Día Mundial de la Hepatitis, los expertos hacen una revisión en torno a los mitos y verdades que se han generado en torno a esta enfermedad.

Las hepatitis virales son enfermedades transmisibles y, por tanto, potencialmente evitables.

Cinco mitos comunes en torno a la hepatitis

1.— ¿Te das cuenta de que tienes la enfermedad porque te pones amarillo?

      Es cierto que uno de los síntomas de la hepatitis es la pigmentación amarilla de piel y mucosas (a esta coloración amarilla se la denomina ictericia), pero hay pacientes que pueden tener hepatitis y no presentar este síntoma.
Hay personas infectadas que presentan otros síntomas comunes, como malestar general, cansancio y náuseas.
Aunque realmente la única manera de saber si tienes algún tipo de hepatitis es con un análisis de sangre.

2.— La vacuna protege contra todas las hepatitis.

Esto es falso.
Existen vacunas probadas para las hepatitis A y B, pero no protegen de otros tipos de hepatitis como la C, D y E.

3.— Solo el consumo excesivo de alcohol produce cirrosis hepática.

Falso.
Según el American College of Gastroenterology, existen diversas causas de las lesiones hepáticas, como consumo excesivo de alcohol, virus, trastornos hereditarios, lesiones relacionadas con las drogas y exposición a toxinas ambientales.
Si no se trata, cualquier enfermedad que provoque lesiones crónicas en el hígado podría conducir a una cirrosis.

4.— Si ya tuve hepatitis, no volveré a tenerla.

Existen distintos tipos de virus causantes de las hepatitis.
La ocasionada por un virus no otorga inmunidad para el resto.
La OMS establece por ejemplo que con la hepatitis A casi todos los pacientes se recuperan totalmente y adquieren inmunidad de por vida para este tipo concreto de hepatitis, pero no para el resto.

5.— Si tuve hepatitis A de pequeño, cuando crezca no podrá donar sangre.

      Se puede donar sangre si de pequeño se ha padecido una hepatitis de tipo A, pero nunca en el caso de la hepatitis B ni en la C.
Respecto a personas que conviven con pacientes con hepatitis B o C, no pueden donar sangre hasta que hayan pasado cuatro meses desde la finalización de la convivencia.— Emanuel Rincón Becerra

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