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      Elon Musk, en una conferencia de prensa en las instalaciones de su empresa SpaceX cerca de Boca Chica Village, el pasado mes de abril, en el sur de Texas.
JIM WATSON (AFP)Paolo Gerbaudo 14 may 2022 - 10:18UTC

      El caos alrededor de la operación de compra de Twitter por parte de Elon Musk y el modo en que Musk está utilizando Twitter para guiar las reacciones del mercado frente a la misma es una demostración de cómo la plataforma se ha convertido en un espectacular instrumento de manipulación, con implicaciones preocupantes tanto para la política como para la credibilidad de los mercados financieros.
Después de haber anunciado en abril su intención de comprar la compañía, Musk dio este viernes una brusca vuelta atrás: anunció que su compra de Twitter ha quedado suspendida mientras se verifican cuántos de sus usuarios son en realidad bots.
La explicación oficial es que Musk no cree que estos usuarios no humanos supongan solo poco menos del 5%, como declara Twitter, y eso tendría implicación para la valoración de la empresa, cuyos ingresos dependen del número de usuarios efectivos.
Musk subrayó que está decidido a concluir la operación de compra, pero muchos dudan de sus intenciones reales.

      Según otros analistas, la intención de Musk es salirse de una operación demasiado arriesgada y complicada, especialmente frente al derrumbe financiero de las criptomonedas (de las cuales es un gran partidario) y de las compañías tecnológicas, visto los últimos días.
Tanto las acciones de Tesla (que hubiera tenido que utilizar en la operación de compra) como las de Twitter han registrado una fuerte caída en los últimos días, y Musk pudiera estar buscando una manera de salirse de una adquisición cuya racionalidad económica ya parecía dudosa desde el principio, sin tener que pagar los mil millones de dólares de penalización.
O simplemente podría estar utilizando una de las típicas tácticas de especulación financiera: crear pánico y hacer caer el precio de las acciones de una compañía para después comprarla a mejor precio, y luego hacerlas subir para venderlas otra vez.
Sea cual sea la verdad, estamos frente a un comportamiento muy poco escrupuloso, como al que ya nos ha acostumbrado Musk durante su carrera como empresario.

      La compra de Twitter por Musk —acompañada por un flujo continuo de tuits de su cuenta con el evidente fin de influir a su favor en la opinión pública y en los mercados— había cogido por sorpresa a muchos analistas.
Con 92 millones de seguidores, la de Musk ya es una de las 10 cuentas más populares de la plataforma, por la cual ha expresado repetidamente su afecto y en el pasado ya mostró su intención de adquirirla.
Pero muchos creían que era solo uno más de sus memes chistosos.
Las cosas han cambiado rápidamente en los últimos meses.
Musk declaró en abril su intención de construir “un nuevo Twitterâ€, y poco después compró el 9,2% de las acciones de la compañía, lo que le daba derecho a sentarse en su consejo de administración.
Pero Musk rechazó ese puesto, solo para subir radicalmente la apuesta: el 14 de abril, ofreció comprar la compañía entera por 43.000 millones de dólares.

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Se hubiera tratado de la compra más grande realizada por una sola persona.
Musk iba a usar su propio capital, además de una deuda de 13.000 millones con Morgan Stanley que le obligaría a pagar 1.000 millones de dólares en intereses cada año y un préstamo de 12.000 millones garantizado con las acciones de Tesla.
Ya antes de la crisis financiera de los últimos días se veía como una estrategia muy peligrosa que hubiera podido condenarlo a la bancarrota.

Además, la operación tenía muchas complicaciones políticas.
Tesla desarrolla una gran parte de su producción en China, país con el que Twitter ha tenido fricciones.
Asimismo, se ha lanzado a una cruzada a favor de la libertad de expresión y contra la supuesta censura en la Red.
Musk ha afirmado con un típico tono libertario que quiere “liberar Twitter†y hacerlo nuevamente “un espacio divertido†sin censuras y sin restricciones.
“La libre expresión es el fundamento de una democracia que funcione bien, y Twitter es la plaza del pueblo donde se debaten cuestiones vitales para el futuro de la humanidadâ€, ha afirmado Musk, para añadir que, para que una democracia funcione, resulta necesario poder decir “cualquier cosa estúpida que quierasâ€.

      En concreto, Musk prometió desbloquear la cuenta de Donald Trump, vetado tras el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, que llegó después de una campaña en la que el 45º presidente de Estados Unidos había negado los resultados electorales y empleado repetidamente un lenguaje violento en abierta contradicción con las reglas que rigen Twitter.
Muchos temen que Twitter se pueda volver con Musk un espacio tóxico en el que el racismo y la agresividad sean tolerados.
Detrás de la promesa de neutralidad del magnate se encuentra una clara agenda política libertaria de derechas; en repetidas ocasiones, el patrón de Tesla ha mostrado su antagonismo con la izquierda, y con el Gobierno de Biden y sus propuestas de crear nuevos impuestos.

      Independientemente de cómo termine esta operación, estamos frente a un episodio de manipulación política y financiera que demuestra cómo la concentración sin precedentes de riqueza en un solo hombre no es sana ni para la democracia ni para el propio capitalismo.
Musk ya fue investigado por la SEC, la agencia que regula los mercados financieros estadounidenses, por unos tuits por los que fue acusado de inflar artificialmente el valor de las acciones de Tesla y de criptomonedas meme como dogecoin para sacar enormes beneficios.
Algunos creen que lo visto los últimos días es un ejemplo de la misma dinámica.
Después del reciente derrumbe de las criptomonedas, estos comportamientos resultan más censurables aún.
Lo que queda claro es que las redes sociales, lejos de ser un espacio de libertad, como afirma Musk, se han vuelto un mecanismo de influencia sin control que permite a los que ya tienen un enorme poder económico movilizar a la opinión pública y los mercados financieros para enriquecerse más.

      Paolo Gerbaudo es sociólogo y teórico político del King ’s College London y la Scuola Normale Superiore y colaborador de Agenda Pública

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