Por Rodolfo Villarreal Ríos

      Hace 1 hora

Hace varias semanas, mientras estábamos en el proceso de investigación para otro escrito que nada tiene que ver con los que elaboramos semana a semana, se nos apareció una información relacionada con el general Felipe Ángeles Ramírez, entonces desistimos de abordar el tema.
Pero, conforme desarrollábamos la búsqueda, al lado de lo que indagábamos aparecían, en forma recurrente, asuntos relacionados con el general.
Ante tanta coincidencia, pensamos y repensamos si deberíamos o no abordar el tema de quien hoy esta convertido en el héroe de moda.
En ésas estábamos cuando recordamos lo que nos enseñaron nuestros profesores de historia, cuando trates un tema siempre debes de considerar los hechos positivos y negativos, así como las opiniones diversas al r especto.
Con esto en mente, estimamos que deberíamos de abordar el tópico desde la perspectiva de preguntas varias que nos surgieron y para las cuales no encontramos respuesta.
Pero antes de ir al asunto central, permítanos plantear lo que acerca del divisionario hidalguense conocíamos previamente.

        Respecto a este personaje, nuestra información antes de que pasara a ocupar el sitial en que hoy se encuentra, rondando los linderos de la santidad cívica, era, y es, limitada.
No va más allá de considerarlo un militar de excelencia instruido en Europa durante el gobierno del presidente José de la Cruz Porfirio Díaz Mori.
Así como que el presidente Francisco Ygancio Madero Gonz ález le confió la defensa de su gobierno, primero enviándolo a Morelos para que combatiera a Zapata y más tarde se encargara de defender a su gobierno durante la Decena Trágica.
Asimismo, sabíamos que el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza Garza, lo quiso hacer secretario de guerra, pero por grillas internas que sembraron la duda de la desconfianza, acabó siendo subsecretario.
Que, asignado a la División del Norte, se convirtió en el artífice de las victorias que Francisco Villa obtuvo en Torreón y Zacatecas.
Y, por último, que al darse la escisión Carranza-Villa, optó por quedarse con este último y entró en un enfrentamiento con el coahuilense.
Que participó en la Batalla de Celaya en donde la División del Norte fue arra sada por las fuerzas del único general invicto de la Revolución Mexicana, Álvaro Obregón Salido.
Que el conflicto Ángeles-Carranza terminaría, en noviembre de 1919, cuando el primero fue pasado por las armas tras de un juicio muy alejado de ser imparcial.
Esa era nuestra percepción sobre este personaje.
Sin embargo, hay algunas cosas que, sobre la actuación de este militar, com o lo mencionamos líneas arriba, se nos fueron apareciendo mientras varias preguntas nos surgían y, aun después de haber revisado varias biografías que sobre él se han escrito, aun no encontramos una respuesta concreta para ellas.
En este contexto, nos permitiremos compartirlas con usted, lector amable.  

      Los estudios que Ángeles realizó en Europa le permitieron desarrollar una carrera de armas muy brillante durante el gobierno del presidente Díaz Mori, lo cual no implicaba ningún desdoro pues su comportamiento fue siempre el de un servidor de las instituciones y no un lacayo del presidente Díaz.
A quienes lo acusaban de que por eso debía lealtad al presidente Díaz, Ángeles cont estaba que los recursos que se le proporcionaron no venían del peculio de Díaz, sino que eran generados por los impuestos que recababa el gobierno de México, algo que nadie pude refutar, excepto una cosa, ¿Habría algún militar que pudiera ir a adquirir conocimientos en el exterior sin contar con el aval del presidente?

      En Francia, lo sorprende la caída de Díaz y de allá lo manda traer el presidente, Francisco Ygnacio Madero González, sabedor de su destreza militar.
Primero, le encargó la dirección del Colegio Militar y después, tras ascenderlo a general brigadier, le encomendó ir a pacificar Morelos de donde se lo trajo a la Ciudad de México, originalmente para que encabezara el Ejercito Mexi cano, pero asuntos burocráticos se lo impidieron porque su nombramiento de general de brigada no había sido confirmado por el Senado.
Ante ello, Madero le encomienda, ya en plena asonada, ir a recuperar la Ciudadela.
Los malquerientes de Ángeles lo acusaron de no haber hecho lo suficiente para cumplir con el objetivo, aun cuando él arguyó siempre que lo que le hicieron falta fu eron pertrechos de guerra.   ¿Cuál es la realidad respecto a esto?

      Tras de eso, con engaños, fue llevado a Palacio Nacional en donde acabó prisionero, en la misma habitación, junto con el presidente Madero y el vicepresidente Pino Suárez.
Cuando el matacuás, Francisco Cárdenas, llega para llevárselos camino al asesinato, indica que Ángeles se queda porque esas eran las instrucciones. ¿Por qué se excluyó al general Ángeles de acompañarlos?  

De aquella retención, se lo llevan a prisión de donde no sale sino hasta finales de julio de 1913.
Dos días después de su liberación, el secretario de guerra del huertismo, Aureliano Blanquet, le comunica que se va comisionado hacia Francia para realizar estudios sobre artillería y que estaría bajo el cuidado del recién nombrado embajador en Francia, el expresidente de la república (Mayo-Noviembre,1911), ministro de relaciones exteriores del huertismo, y miembro distinguido del Partido Católico Nacional, Francisco León De La Barra y Quijano. ¿Por qué esas consideraciones a una persona que poco afecto tenía por Huerta?

Respecto a su estancia en Francia, en el libro “Documentos Históricos de la Revolución Mexicana.
Revolución y Régimen Constitucionalista, Volumen XVI,” editado por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la supervisión de Josefina Eisenman de Fabela, la viuda del diplomático Isidro Fabela Alfaro, nos encontramos la reproducción de una carta que Ángeles le escribió a León De La Barra desde Le Havre el 6 de octubre de 1913.
El texto del comunicado se lee: “Señor ministro: Habiendo regresado de Inglaterra, a donde fui con su autorización y al arreglo de los asuntos que usted sabe, cumplo con el deber de manifestárselo y el de hacer saber que en esta ciudad me detendré para estudiar los adelantos que se hayan realizado en la fabricación del material de Artillería.
Sírvase usted, señor ministro, aceptar la expresión de mi respetuosa adhesión.” Un texto breve, pero generador de preguntas múltiples. ¿Cuál era la función real de Ángeles en Europa? ¿Qué asuntos andaba arreglando en Inglaterra? ¿Percibía algún sueldo del huertismo o sus actividades las realizaba con fondos propios? ¿Con que propósito andaba hurgando adelantos en asuntos de artillería, a quien le iba a servir eso? ¿En calidad de que se adhería a De La Barra, era a título personal o reconociéndolo como el represente del huertismo en Francia?

      Aunado a lo anterior, tanto en el libro mencionado como en “The New York Times” (30-04-1915) aparece otra información que generó controversias.
Son un par de cartas.
La primera atribuida al presidente Díaz Mori quien, aparentemente, la dirigió, el 18 de junio de 1913, desde Paris a Ángeles.
La segunda, se afirmaba que fue elaborada por el ex secretario de hacienda durante el po rfirismo, José Yves Limantour Marquet, quien la mandó a León De La Barra.
La historia luce truculenta y llena de dudas, pero hay que contar las dos versiones.
Una pertenece el cónsul de México en San Francisco, Ramón P[érez] Denegri, (quien en el futuro sería el padre putativo del periodista Carlos Denegri, aquel quien cantó anticipadamente, a finales de junio de 1954, los resp onsos por el pueblo, Piedras Negras, Coahuila). Denegri, el original, afirmaba que, en Calexico, California habían sido encontrados esos documentos mismos que fueron olvidados, según él, por Ángeles en la habitación de un hotel.
En la carta del presidente Díaz, Tras de mencionarle que esperaba hubiera recibido la que Limantour le envió, en uno de los párrafos se leía: “La salva ción del ejército es muy sencilla y usted es el más adecuado para este objeto, que significará la salvación del país.” En el apartado de cierre se refería a que “debido a las circunstancias en que se encuentra usted, le toca a usted decidir sobre la suerte de la legión de bravos soldados que son sus compañeros de armas y de sufrimientos.
Reflexione usted sobre mi carta y sobre lo que el señor Limantour me dice que le ha escrito.” Por lo que respecta a la misiva Limantour-León De La Barra, en el párrafo segundo, se mencionaba: “Usted está enterado que la División del Norte no tiene en perspectiva ninguna ambición política o social, desde que está comandada por un hombre ambicioso, deseoso de poder y dinero; por otro lado, uno de nuestros hombres que e stá sirviendo en sus filas con un alto grado militar.
Es imposible que Felipe Ángeles olvide nunca los grandes servicios que debe al general Porfirio Díaz.
Nosotros podemos satisfacer la ambición del anterior con nuestro oro, y usar con ventaja habilidad la gratitud de Ángeles.” Como es de suponerse, al darse a conocer entre los Constitucionalistas esa información, la reacción fue de condena.
Del lado contrario, sin embargo, la reacción fue de rechazo unánime.
Limantour, desde Londres, se dirigió al editor del New York Times04-05-1915) negando cualquier autoría del que a él correspondía, al tiempo que rechazaba haber inducido a nadie a que escribiera cartas de ese tipo.
Por su parte, los agentes confidenciales de Villa, en Washington, después de refu tar la autenticidad de los escritos, negaron que Ángeles hubiera estado alguna vez en Calexico, al tiempo que acusaban a miembros del Carrancismo de haber fabricado dichas cartas.
Asimismo, el asesor financiero de Huerta, A.
Z.
Ratner, mencionó que tanto él como su aconsejado estaban convencidos de que ni Díaz, ni Limantour eran los autores de esas piezas.
Tras de revisar el contenido completo de esas misivas nos surgieron muchos cuestionamientos como para darlas por auténticas.
Sin embargo, una duda nos quedó” ¿Qué tan cercana fue la relación de Ángeles con Díaz y Limantour durante los años del porfi rismo cuando, sin duda alguna, el primero era un militar brillante?  

Hay otro asunto en el cual nuevamente el nombre de Ángeles vuelve a aparecer.
En los inicios de 1915, los agentes del Constitucionalismo, quienes operaban en los Estados Unidos, detectaron que un grupo integrado por correligionarios antiguos del presidente Díaz Mori, el Partido Católico Nacional (PCN) y el huertismo efectuaban reuniones en San Antonio, Texas.
En ellas, según pr esumían, que planeaban como derrocar a Carranza.
Como lideres eran mencionados el antiguo secretario de relaciones exteriores de Huerta y candidato presidencial por el PCN, Federico Gamboa; un político-diplomático quien inicialmente fue porfirista de donde pasó al maderismo, coqueteó con el felixismo y terminó apoyando el huertismo, Manuel Calero; y, un español beneficiado, dur ante el porfirismo, con el trafique en la adjudicación de terrenos, Iñigo Noriega.
El grupo decidió convocar a una Convención Pacifista en la cual el tema principal era solicitar al gobierno estadounidense “interponga su influencia para el restablecimiento de la paz en la vecina república.”   Durante la reunión, a la cual se reportó asistieron 500 personas, el discurso que prevaleció fue olvidar lo ocurrido en el pasado y, en aras de la paz, permitir que todos ellos regresaran a México para participar en la reconstrucción del país.
Asimismo, reiteraron que en ningun momento habían pensado en solicitar la intervención de los Estados Unidos para lograr que se resolvieran los problemas en México.
A la par, enviaron un comunicado a los generales involucrados en la lucha armada en el cual “a nombre de un grupo de mexicanos residentes en San Antonio, Texas, solicitan a todos los jefes revolucionarios en México que depongan las armas en nombre de la conciliación y la fraternidad.”   Inmediatamente, Carranza instruyó a sus correligionarios para que “ningun Jefe del Ejército Constitucionalista entre en tratos de carácter político con el enemigo.” La instrucción de Carranza fue acatada por vías diversas.
Por una parte, los generales Cándido Aguilar Vargas, Ramos Sosa T., Cesáreo Castro, Arturo Garcilaso y Salvador Alvarado Rubio le respondían directamente ind icándole que en ninguna circunstancia entrarían en tratos con el grupo encabezado por Gamboa.
Por la otra, Obregón contestó a Gamboa indicándole que quienes defendían a la República no depondrían las armas hasta hacer desaparecer a “los execrables traidores que, vendidos a la reacción, pretenden hundir nuestros principios revolucionarios.” Asimismo, los invitaba para que, en lu gar de buscar apoyo en el extranjero, fueran más útiles y tomaran el fusil para que, incorporados al grupo que más les convenciera, vinieran a combatir y al menos en esa forma tuvieran “el honor de llamarse ciudadanos.” Pero no todo eran adhesiones al Constitucionalismo, acorde a un boletín emitido por la Secretaría de Gobernación, el general Felipe Ángeles Ramírez había contes tado cordialmente a la propuesta de Gamboa.
Asimismo, se aseguraba que entre el grupo de los residentes en San Antonio se habían formado dos bandos.
Uno integrado por Gamboa, Querido Moheno y Toribio Esquivel Obregón quienes estaban de acuerdo en unirse bajo el liderazgo de Ángeles.
El otro, lo componían Félix Díaz, Pascual Orozco y los felixistas quienes proponían agruparse en un movimiento armado independiente. ¿Cuál era el propósito del general Ángeles al tratar de aparecer amable ante los rescoldos del pro-clericalismo-huertismo-felixismo?

      En el contexto de lo anterior, se generó un comunicado que uno de los asistentes a la reunión el huertista Toribio Esquivel Obregón quien, en el futuro sería uno de los fundadores del Partido Acción Nacional, el 15 de febrero de 1915, dirigió una carta aclaratoria al director del diario La Prensa, editado en San Antonio, Ignacio E.
Lozano, en el cual le indicaba que en la entre vista que le hicieron, publicada ese dia, había un punto a aclarar. “Hay en la entrevista el siguiente párrafo: “Entre la Asamblea Pacificadora y el señor general Ángeles hay un acuerdo tácito”. [Sin embargo,] esta frase puede ser interpretada en un sentido distinto del que corresponde al que yo afirmé.
La comunidad de ideas entre la Asamblea y el general Ángeles, no es una sup osición mía, sino un hecho claro, que se desprende de la contestación de este señor a la mencionada Asamblea.” Quien lo iba a decir, el general admirado por un miembro de la reacción quien lo consideraba uno de los suyos. ¿Qué motivó al general Ángeles para no salir a deslindarse públicamente de compañías tan poco gratas?

      A mediados de marzo de 1915, El Pueblo, editado en el Puerto de Veracruz, publicó una nota en la cual criticaba al general Ángeles por un manifiesto que lanzó en Monterrey.
En dicha proclama invitaba a quienes habían sido miembros del ejército federal en los tiempos del huertismo para que se incorporaran a las filas de Villa confiado en que “haciendo a un lado nuestros escrúpul os, sabrán prestarse solícitos a defender la causa del pueblo.
Es necesario que el pueblo vuelva a reconquistar el galardón que ensuciaron muchos traidores.” ¿A cuenta de que don Felipe llamaba a los otrora huertistas para que se convirtieran en villistas, acaso pensaba que oponerse a Carranza era lazo de unión con quienes derrocaron al presidente Madero?

      Durante la derrota en Celaya, fue el mismo Ángeles quien, al ver la situación que enfrentaban, recomendó a Villa optar por la retirada como medida para salvar al ejército.
Meses después, entre rumores de que ambos apoyaban a Huerta o bien que se había disgustado con Villa, Ángeles se dirigió hacia los Estados Unidos.
El 29 de junio de 1915, se aparecieron por Washington un par de militares, el coronel Jesús M.
Aguilar y el mayor, Yrenco A.
García acreditados como miembros del staff de Angles y el general Raúl Madero González respectivamente.
Decían venir de Boston en donde se entrevistaron con Ángeles quien les dio una encomienda especifica, apersonarse en la Casa Blanca para solicitar que el presidente Wilson recibiera al divisionario hidalguense.
L a respuesta fue que los asuntos de México los llevaba el departamento de estado y por consiguiente no podría ser recibido por el antiguo rector de la Universidad de Princeton y ex gobernador de New Jersey.
Ante esta solicitud no queda sino preguntarnos: ¿Por qué pensaba que Wilson iba a recibirlo? ¿Acaso no se percataba de que era parte del ejercito derrotado tres meses atrás y a cuenta de que iba a negociar con él?  

      Al parecer, Ángeles aún no advertía que la derrota sufrida por las fuerzas villistas, a las que él pertenecía, en Celaya era bien conocida en Washington en donde lo que se buscaba era contar con un gobierno en México capaz de iniciar el proceso de paz y entablar relaciones solidas con los Estados Unidos.
Dejando eso de lado, como si viviera en un mundo paralelo, Ángeles declara ba que su intención de ver al presidente era para conocer cuál era la política que el gobierno estadounidense pensaba seguir con respecto a México.
Asimismo, mencionaba que continuar la lucha entre facciones sin esperanza de lograr el reconocimiento de los EUA era fútil Seguramente convencido de que era un factor decisorio, Ángeles mencionaba estar de acuerdo con lo mencionado días antes por Wilson en el sentido de que las fuerzas en combate deberían de lograr una negociación para alcanza la paz.
Acto seguido, acorde a lo publicado, el 30 de junio de 1915, por el “The Washington Post,” Ángeles aseguraba que ni él, ni Villa respaldaban a nadie en específico para ocupar la presidencia provisional en México, pero que apoyarían a cualquier persona honora ble que representara los ideales originales por los cuales se peleaba en la Revolución.
Pero no se detenía ahí, clamaba que, si Carranza no aceptaba un acuerdo para la creación de un gobierno provisional integrado por todas las fuerzas que originalmente tomaron parte como miembros del Constitucionalismo, entonces el apoyo moral y el reconocimiento de los Estados Unidos debería de darse con las fuerzas que estuvieran dispuestas a dejar de pelear y respaldar un gobierno sustentado en los principios liberales que fuera creado mediante un acuerdo pacífico.
Ante esta actitud varias dudas nos invadieron: ¿Acaso el general Ángeles vivía en un estado de negación y aun no se percataba de lo que había significado la derrota en Celaya? ¿A cuenta de que daba rec omendaciones de como habría de formarse un gobierno en México, olvidaba que quien en ese momento tenía mano era el grupo Constitucionalista encabezado por Carranza? ¿En verdad le hicieron creer que era capaz de influenciar al presidente Wilson a la hora de definir su política hacia México?

      Al final, quien terminó recibiendo al general Ángeles, acompañado del representante en Washington de Villa, Enrique C.
Llorente, fue el general de división, Hugh Scott quien fungía como jefe de asesores del ejército estadounidense.
A él, le repitió que eran falso los rumores de que estaba disgustado con Villa, a la vez que le expresaba que siempre había estado en contra de Huer ta y los traidores que lo siguieron.
Otra vez las dudas nos surgieron ¿Entonces porque llamó, en marzo de 1915, a estos últimos para que se unieran al villismo? ¿Nadie le había hecho saber que Wilson estaba más que dispuesto a otorgar el reconocimiento al “viejo testarudo,” como llamaba a Carranza? ¿Creyó que con una gira por los EUA iba a cambiar la realidad, bien conocida all á, de que la fuerza militar triunfante era la encabezada por Carranza y por lo tanto con ella se iba a negociar? Pero, sobre todo, nos queda una pregunta grandísima, ¿Quién patrocinaba el viaje de Ángeles por los EUA?

        Al final, no fuimos capaces de encontrar respuesta a las preguntas que nos surgieron sobre estas acciones del general Ángeles cuya capacidad militar está fuera de toda duda.
Sin embargo, dado el enconó con que mostraba sus diferendos con el estadista Venustiano Carranza Garza, nos surgió una pregunta más: ¿Acaso estos eran producto de que el general Ángeles Ramírez consideraba que debería de ser él y no el coahuilense quien encabezara la transformación de México y, al no lograrlo, lo invadió la frustración y por ello lo enfrentó? Muchas preguntas y nada de respuestas, no somos especialistas en la vida de este divisionario, tal vez los expertos en el tema logren respondérnoslas. [email protected]

  Añadido (22.17.71) Contrario a la opinión de los versados, estimamos que la oposición hace lo correcto al no perfilar aun un posible candidato presidencial.
A quienes les urge que esto se materialice responden a otros intereses que nada tienen que ver con el futuro del país.

Añadido (22.17.72) ¿Cuántas de las seis contiendas por las gubernaturas terminaran judicializándose ante el manejo escandaloso de los programas sociales con el consabido reparto de recursos en efectivo?

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